Las 5 heridas de la infancia- Parte III- La Humillación

 

Esta herida puede ser producida por ambos padres y se va reforzando en los primeros años de la infancia( 1 a 3 años) con eventos que exponen al niño a la vergüenza, humillación o vejación.   Situaciones donde los padres, familiares, maestros o amigos se burlan de él, hacen comentarios que rebajan al niño o lo comparan con otro de una forma que le hace sentir disminuido en su autoestima.

Algunas veces los padres o núcleo familiar, social consideran que burlarse del niño, ponerle sobrenombres despectivos, exponer sus desaciertos en público, no es nada serio o es un juego.  Por eso es importante que como padres y adultos tengamos conocimiento de que la mente inconsciente no comprende el sarcasmo, ni las palabras en sentido figurado o en doble sentido.  Si le digo a un niño que es Feo o que es sucio, torpe, grosero, mal estudiante, bruto, enano, inútil… y este comentario activa en él una emoción de tristeza, ira, rabia, su mente inconsciente creará un mapa neuronal asociado con esas palabras y emociones, que a su vez creará un programa o comportamiento negativo, capaz de activarse en situaciones similares.   Este programa se verá reforzado cada día con la repetición de eventos que hagan sentir al niño esta emoción negativa una y otra vez.

Existen personas que piensan que si dicen estos comentarios en diminutivo  o con “cariño” tienen un menor efecto: Eres brutito; o peor aún que si le explican al niño que es un juego y que no tiene importancia, el comentario dolerá menos, lo cual es un grave error.

Si bien no todos los niños reaccionan de la misma forma, no podemos generalizar y asumir que el comentario no surtirá efecto en él.  La mente INCONSCIENTE es quien graba la información y la procesa y el daño hecho al niño no lo veremos sino con el pasar del tiempo.  Es por esta razón que debemos tomar consciencia de los adjetivos que utilizamos para referirnos a nuestros hijos, familiares o amigos delante de ellos y de los demás.  Una herida de humillación en la infancia hará repercusión en la vida del adolescente y adulto que podrían ser difíciles de superar, aunque no imposibles.

Partiendo del hecho de que todo padre/madre ama a su hijo, es preferible evitar crear heridas aún cuando sepamos que hay un antídoto para sanarla.

La persona con la herida de humillación, desde muy temprana edad ha sido vejada y avergonzada, quizás por no controlar sus esfínteres, por meter sus dedos en la nariz  o no lavarse bien las manos (sucio, marrano, cerdo), o por comer más dulces de los que tiene permitido por sus padres ( goloso, glotón, troglodita), por interrumpir una conversación de adultos (mal educado, grosero, impertinente), por llorar, por no obtener buenas calificaciones, no ser tan inteligente como tal  o cual niño  o destacarse en un sistema educativo que sólo compensa a un tipo de inteligencia y así  podemos seguir y llenar páginas y páginas de ejemplos sobre cómo los adultos o incluso otros niños pueden cooperar en la creación y reforzamiento de la herida de humillación.

La palabra es un DON y por ello debe ser utilizada con responsabilidad.  Los niños deben ser educados para que puedan convivir en sociedad y las palabras que utilizamos con ellos tienen que crear y reforzar programas positivos en su inconsciente.  No es lo que decimos, sino como lo decimos.  Si un niño no controla los esfínteres, come en exceso, no está motivado en la escuela, tiene un comportamiento agresivo lo primero que debemos hacer es con la ayuda de un profesional, entender la raíz del comportamiento para poder ayudarle,  sin usar la humillación como una técnica de “educación”, está claro que en el pasado se manejaba de esta forma y es por ello que existen personas tan deprimidas, tan tristes y con tan baja autoestima hoy en día.  Decir que a nosotros nos educaron de esa forma y estamos “bien” y” no necesitamos un psicólogo” es un error que nuestra mente inconsciente nos grita a voces.

Que no veamos el aire que respiramos no quiere decir que no exista, así sucede con nuestras heridas de infancia.

Enseñar a nuestros hijos desde el amor y la comprensión y no desde la culpa, la humillación y la vergüenza es lo mínimo que podemos hacer en pro de su desarrollo personal.

Cuando un niño es humillado y siente que uno de sus padres se AVERGÜENZA de él , la mente inconsciente crea una máscara para “protegerle”, esta máscara según muchos autores es el MASOQUISMO, yo prefiero llamarle “Placer a ser Maltratado o AUTOCASTIGO”, para englobar aún más las múltiples facetas que puede presentar esa máscara.

Un niño humillado puede tener programas inconscientes del tipo: “Me maltratan o humillan porque me quieren”, “no valgo nada”, “hago cosas malas y siento vergüenza de mi mismo”, “merezco el castigo o sufrir”.  Es importante, recalcar en todo momento que estos programas son INCONSCIENTES, la mente CONSCIENTE puede negarlos impidiendo de esta forma el reconocimiento y la aceptación de la herida, inclusive en la etapa adulta.

La persona con esta herida aceptará situaciones que le minimicen aún más.  En la vida académica o profesional podría estar expuesto a situaciones frecuentes donde es reprendido en público de forma humillante, o donde prefiere seguir el juego a los que se burlan de él, pretendiendo que le produce gracia reírse de sí mismo, para no mostrar sus verdaderos sentimientos.

Su criterio inconsciente se basará en SOY BUENO o SOY MALO en todo aquello que haga o diga, es decir se referenciará en lo que otros piensen de sus acciones y tratará de complacer al otro.  Su mayor deseo es ser LIBRE, libre de las etiquetas negativas, alejarse de las personas que le humillan incluyendo padres y figuras de poder en su entorno, y al mismo tiempo presentará un comportamiento tóxico y repetitivo, que le impedirá alejarse de quien le humilla, pues un programa muy profundo en su mente inconsciente le hará PERMANECER como si esa situación la mereciera o necesitara para ser finalmente BUENO o para limpiar su vergüenza/culpa.

Esta herida puede ser sanada reconociéndola, aceptándola y buscando la LIBERTAD de ser uno mismo, no identificándonos con las etiquetas que hemos permitido que se nos coloquen desde la infancia y tomando el control de nuestra vida.  Una afirmación poderosa para el inconsciente es: “ Yo valgo y estoy Seguro y protegido en este mundo.”

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Yesenia Urdaneta

Las 5 heridas de la infancia- La Humillación y su máscara el Masoquismo

 

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